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No piense que no estoy triste aunque ría. Vea que he llorado incluso cuando me ahogaba la risa. Pero tampoco piense que estoy apenado cuando lloro, porque de todas formas me ataca la risa. Tanga siempre en cuenta que la risa que llama a la puerta y dice ¿Puedo entrar? No es la risa verdadera. No. Es una reina que llega cuando y como quiere. No pide nada a ninguna persona ni elige el momento adecuado. Dice Aquí estoy. Fíjese. Como ejemplo tenemos la pena de mi corazón por esa dulce joven; yo doy mi sangre por ella, a pesar de que soy viejo y estoy agotado; doy mi tiempo, mi habilidad, mi sueño; dejo a todos mis otros pacientes para que ella lo tenga todo. Y sin embargo, puedo reír ante su propia tumba, reír cuando cae sobre el ataúd la paletada de tierra del sepulturero, que suena en mi corazón, incluso en tales momentos la Reina Risa  viene hacia mí, y me grita y me ruge al oído Aquí estoy yo, aquí estoy yo, hasta que la sangre vuelve danzando y cubre mis mejillas con un poco del sol que con ella trae.

Es éste un mundo extraño, un mundo triste, un mundo lleno de miserias y de penas y de problemas; y sin embargo, cuando aparece la Reina Risa, nos hace bailara a todos al son de su música. Corazones sangrantes y huesos secos del cementerio, y lágrimas que queman al ser derramadas: todos bailamos al son de la música que toca carente de sonrisa. Y créame, que es buena y amable. Nosotros, los hombres y mujeres, somos como cuerdas tirantes que nos empujan con esfuerzo hacia diferentes caminos. Entonces aparecen las lágrimas; y como la lluvia en las cuerdas, tiran de nosotros hacia arriba, hasta que quizá la tensión es demasiado grande y nos rompemos. Pero la Reina Risa, ella llega como el sol y vuelve a anular el esfuerzo. Y nosotros continuamos con nuestra tarea, sea la que sea.

(Texto extraído de Drácula, de Bram Stoker)

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