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En lo único que podemos confiar es en las tradiciones y las supersticiones, al fin y al cabo, estas cosas, superstición y tradición, lo son todo. ¿Acaso no reside en ellas la creencia en los vampiros? Para otros, que no para nosotros. Hace un año ¿quién de nosotros hubiera aceptado semejante posibilidad a mediados de nuestro siglo diecinueve, escéptico, científico, objetivo y positivista? Incluso comprobamos una creencia que veíamos justificada ante nuestros propios ojos. Comprendan entonces que el vampiro, y la creencia en sus limitaciones y su curación descansan de momento sobre una misma base, superstición y tradición. Porque permítanme decirles que se le conoce en todos los lugares en que ha existido el hombre. El vampiro sigue viviendo, y no puede morir por el mero paso del tiempo; florece cuando puede engordar con la sangre de los vivos. No sólo eso; hemos visto entre nosotros que incluso puede rejuvenecer; que sus facultades vitales recobran la energía, y parecen regenerarse cuando su cantidad es suficiente.. Pero no puede florecer sin esta dieta; no come como los demás. No produce sombra; no se refleja en el espejo. Su mano tiene la fuerza de muchos hombres. Puede transformarse en lobo, puede ser como un murciélago. Puede aparecer en la bruma que él crea, aparece en los rayos de luna, en forma de polvo, se hace muy pequeño para deslizarse por una rendija de la puerta del sepulcro. Una vez que encuentra su camino, puede entrar en cualquier cosa y salir de cualquier cosa. Puede ver en la oscuridad, y no es pequeño poder éste en un mundo cuya mitad está cerrada a la luz.

Pero escúchenme hasta el final. Puede hacer todas estas cosas, pero no es libre. Es más prisionero que el esclavo en las galeras, que el loco en su celda. No puede ir donde él desea; él, que no pertenece a la naturaleza, tiene que obedecer algunas de las leyes de la naturaleza. Su poder cesa como el de todas las cosas malas, con la llegada del día. Sólo en ciertas ocasiones tiene libertad limitada. Si no está en el lugar en el que tiene obligación de estar, sólo puede trasladarse a mediodía o exactamente con la salida del sol o con el crepúsculo. Estas cosas nos han contado y en este relato nuestro tenemos la prueba. Por tanto puede hacer su voluntad dentro de sus límites, cuando tiene su tierra natal, su ataúd natal, su infierno natal, el lugar no consagrado. También se dice que sólo puede atravesar el agua con pleamar o bajamar. Hay además cosas que le afligen, que no tiene poder contra ellas, como el ajo, y con respecto a las cosas sagradas, como este crucifijo, ante ellas no es nada, en su presencia se aleja en silencio y con respeto. O la rama de rosa silvestre sobre su ataúd, o una bala consagrada disparada contra él, que le mata de forma que queda realmente muerto; y con respecto atravesarlo con una estaca, ya conocemos la paz que produce, o cortar su cabeza que proporciona el descanso. Todo esto hemos visto con nuestros propios ojos.

(Texto extraído de Drácula, de Bram Stoker)

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