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Por los peldaños húmedos cautiva
miras la luz manchada de destino.
Yo de un túnel de oro peregrino,
tú en los brazos del agua fugitiva.

Atrás los surtidores, la festiva
soledad de los puentes sin camino,
el agua negra dentro del espino,
los estanques del sueño a la deriva.

Si por allí pasé, si tu escalera
avecinó sorpresas en mi herida,
también puso la sombra donde vivo.

Pero ya cicatriz de tanta espera,
miro la luz, también su despedida,
por los peldaños húmedos cautivo.

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