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Tú ya sabes, amor, pequeña ausente,
que no se quiebra el beso sin la brisa…
Y sin saber el talle de la risa
se nos ha muerto el viento de repente.

… Se nos ha muerto el viento de repente,
se desplomó la sombra, y la sonrisa
no borda la mirada ni se alisa
este ceño cansado de mi frente.

Porque se ha muerto el viento de repente
y así no nace el mar ni se devana
la ronca y bella voz de su campana.

Porque se ha muerto, amor, y, tristemente,
ya no se quiebra el viento ni se siente
ese dulce rumor de la mañana…

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