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Pareciérate extraño
que desde aquí te culpe,
que desde aquí me ocupe de tu nombre.

Cuando llegue a tu altura de pedestal mi canto
acaso te preguntes
por qué ese empeño en denunciarlo todo,
por qué vienen del Sur, hiriendo, las palabras.

Yo te digo, Videla,
que viven los poetas con los ojos abiertos
y miran y conocen y sienten conociendo
y entonces dos caminos:
apoyar a la muerte o defender la vida.

Por eso va mi canto hacia ti como un grito,
como un puño gigante.

¿Quién eres tú sino la vida rota,
sino toda la muerte vestida de payaso?

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