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Desperté muerto en Pekín,
raro, como sin palabras.

Me quedé frente al silencio:
tres agujeros de bala
desde una plaza prohibida
me miraban.

Vi las nieblas y los sueños,
aquel agua en desbandada
y tres arañas de asombro
que sangraban.

Desperté muerto en Pekín.
Raro, como sin palabras.

Me quedé frente al vacío,
vi una luz amurallada.
Si la muerte es un espejo
no reconocí mi cara.

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