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Dame la mano, viento de mi calle,
la mano clara, el roce de tu pelo;
dame la mano viento, y con tu vuelo
lleva mi canto al grato, sordo valle.

Que se callen los besos, que se calle
hasta el rumor del agua en el deshielo.
¡Qué silencio de fronda en su desvelo
mientras la paz se enreda por mi talle!

Que yo quiero silencio solamente:
el solo, lento beso de la nieve,
el grato, tibio roce de la espuma.

Que sólo quiero el llanto de mi fuente,
silencio solamente y, mientras llueve,
hacer copos de paz sobre la bruma.

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