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Este nombre que apenas
me suena ya en los labios
debió quedarse al cabo de los mares…

Que en los acantilados,
donde las olas quiebran mi silencio,
va poniendo sus letras en un marco
lejano que le traza el horizonte.

Pero es el aire, acaso,
el que sabe los nombres más hermosos
y los mece, con lirios, en sus manos.

Y es el aire distante de la ausencia…

Hasta entonces no supe
lo que vale la luz cuando se encuentra.

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