Etiquetas

Yo no sé si la quise pero andaba conmigo,
me guiaba su risa por la ciudad tan gris.
Ella tenía en su boca colinas de Ketama
y el cielo de sus ojos me pintaba de añil.

Yo vi tantas estrellas como ella puso siempre
en aquel cielo raso como un paño de tul.
Ella llevaba el pelo como la Janis Joplin
y los labios morados como el Parfait-Amour.

La he perdido en un bosque de jeringas brillantes
por donde nos decían que se llegaba al mar;
se fue sobre un caballo de hermosos ojos negros,
por más que yo me muera no la podré olvidar.

Bajo el cielo ceniza me conducen mis piernas.
Esta noche no tengo ni esperanza ni amor.
Sólo queda el calor de mi pobre navaja.
Hoy me he visto la cara de un retrato-robot.

A pesar de sus ojos he salido a la calle,
a pesar de sus ojos me ha tocado vivir .
En un barrio de muertos me trajeron al mundo.
Esta noche canalla no respondo de mí.

El mismo año que se publicara este poema -que ganó el I Concurso de Letras de Tango de La Tertulia- en el libro Granada Tango, Javier Egea recibía el premio de poesía Juan Ramón Jiménez. “En este libro he tratado de hacer una poesía amorosa, producida desde unos presupuestos ideológicos diferentes de los que normalmente se tienen, desde la otra orilla, fuera del tópico secularmente usado desde la ideología idealista tradicional, Porque el amor no es algo que llueva de las nubes, no se trata de ningún tema lunático, sino que, por el contrario, el amor es algo de carne y hueso, nuestras musas son personas que van al trabajo, que sufren, que están explotadas, que tienen nombre de mujer y de hombre de la calle. Por eso, no sólo yo, sino todo un grupo de poetas en Granada, que llevamos una misma trayectoria ideológica y que partimos de un mismo análisis de la experiencia cotidiana, nos hemos visto en la necesidad de analizar el amor, no ya en un medio ideal y etéreo, sino con los pies en la tierra” , declaraba el poeta al diario El País.

 

Anuncios