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A Andrea y Juan

Alguien huye desnudo por los fríos pasillos
de un hotel sin estrellas. Hermosa, junto a él,
una desanillada serpiente cascabel
muestra la baba roja que brilla en sus colmillos.

A la 301 llama con los nudillos
secos. Del ventanuco alzado en el dintel
llegan ecos de ondas de radios de babel
y una neblina densa de dulces cigarrillos.

Vuelve a llamar. Se inquieta. Un ebrio taconeo
anuncia la sorpresa de una rubia platino
que ahora muerde los labios del huésped importuno.

Alguien bífido lame la llama del deseo.
Alguien firma en el libro: Simbad el Asesino.
Alguien que no esperaban en las 301.

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