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Un pedo inoportuno es cosa leve,
un juego intrascendente del destino
(suponiendo no sea cuento chino
echaras ese polvo que te mueve

a contarme el suceso). Pero aleve
si en vez de fornicar con tan buen tino
andaban devorándote el pepino
en eso que llamáis sesentaynueve.

La cosa (si así fue) tiene más tela,
pues anda la nariz por un terreno
tan próximo al meollo del estruendo

que sólo se escabulle quien recela
las ocurrencias del ojete ajeno
y trae la mascarilla y el fonendo.

Así que, resumiendo,
hay cosas que se tornan preocupantes:
no quedan culos ya como los de antes.

Enrique Vázquez

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